ELIMINACIONES Y SALUD

LAS ELIMINACIONES DEFIENDEN LA VIDA

El hombre civilizado vive para comer, mientras que los animales comen para vivir. La población está cada día pendiente de las horas de comida y se despreocupa de su eliminación intestinal, salvo que le apure el cuerpo. Sin embargo, para mantener la salud, es más importante desocupar el intestino que ingerir alimentos, porque el ser humano puede vivir muchos días sin comer y no puede estar 24 horas sin evacuar su intestino pues se envenena. Y aunque no se coma nada, cada día debe evacuarse un litro de bilis. Los cuerpos que no eliminan sus impurezas, se envenenan y mueren.

Pasados los cincuenta años, la salud en el ser humano es un problema de desintoxicación. Dado que la actividad nerviosa depende de la pureza de la sangre, se comprende la importancia que tiene purificar el fluído vital. En el hombre sólo existen tres causas de muerte: accidente, vejez e intoxicación.

La muerte de vejez, o sea la muerte natural, actualmente es una excepción, pues sólo es el resultado del agotamiento de la fuerza vital más allá de los cien años. Las muertes que vemos cada día son antinaturales, prematuras, violentas y trágicas, pues implican la interrupción del proceso vital. La muerte que se lleva al joven lleno de ilusiones y detiene la carrera del hombre en plena potencia y actividad, esta muerte no es preparada por las leyes que rigen la vida humana, sino que es el resultado de la ignorancia de la víctima y de errores que nos llevan a vivir en constante conflicto con la naturaleza.

Sabemos que, proporcionalmente con el período de su desarrollo, el hombre debería alcanzar la edad de 150 años. El hecho de que en todos los países se presenten casos de longevidad más allá de los 100 años, con firma lo dicho.

Quien no muere de accidente o de vejez, sólo puede morir de intoxicación, por efecto de putrefacciones intestinales y deficientes eliminaciones por su piel, riñones, intestinos y pulmones; o como resultado de intoxicaciones medicamentosas.

La vida urbana es una intoxicación contínua. Se vive introduciendo venenos con el aire contaminado que se respira en todas partes. Los alimentos cocinados e industriales mantienen putrefacciones intestinales crónicas. Las ropas adheridas a la piel impiden las eliminaciones malsanas por los poros.

Las defensas naturales mediante crisis periódicas hacen que nuestro cuerpo se descargue de materias malsanas. La cual explica el beneficio que aportan los catarros, expectoraciones, flujos, purgaciones, diarreas, erupciones, chancros, fístulas, supuraciones de todas clases y demás trastornos de la salud. Todas las medicinas destinadas a sofocar estas eliminaciones no hacen sino obstaculizar las defensas del organismo, adelantando la vejez y la muerte.

Los tumores y los procesos llamados tuberculosos, cancerosos y gangrenosos son la última etapa del desarreglo orgánico provocado por la supresión de los síntomas de la alteración de la salud sin remover su causa.

La vida urbana nos ofrece muchos ejemplos de gente prematuramente envejecida, aún antes de los cuarenta años. A esa edad en que al hombre de trabajo generalmente le sonríe la fortuna, es preciso poner en práctica un régimen eliminador que asegure su existencia alejando la muerte por intoxicación. Estos enfermos crónicos, generalmente ignorados, pues carecen de síntomas, no pueden esperar nada de la medicina medicamentosa.

El hombre que a la mitad de su vida no sabe ser el defensor de su propia salud ha perdido la dirección de su destino y se verá tomado por intereses que prosperan con su ignorancia.

Además de los órganos que trabajan en la eliminación de desperdicios, también los órganos genitales permiten la eliminación de materias corrompidas mediante supuración uretral o vaginal denominadas purgación, flujos o flores blancas. Jamás se debe pensar en sofocar estos procesos eliminadores, pues desaparecen por agotamiento, regenerando la sangre con buenas digestiones y una activa eliminación.

Las substancias más rebeldes para abandonar el cuerpo son las medicamentosas porque su acción tóxica deprime la fuerza orgánica encargada de su expulsión.

Los riñones del habitante de la ciudad están sometidos a un trabajo excesivo debido a los desarreglos digestivos. Este trabajo forzado debilita la potencia de los riñones congestionándolos. La vida de sus tejidos se debilita por mala nutrición de las células, este proceso se vuelve repetitivo debilitando cada vez más a los riñones hasta llegar a incapacitarlos, como en la nefritis, que es la causa de la uremia.

Este proceso degenerativo se desarrolla en forma análoga en los pulmones, el corazón, el bazo, el hígado, los ovarios, etc. La enfermedad de un órgano del cuerpo siempre empieza por inflamación o congestión aguda, pasando después al período crónico para degenerar, finalmente, en proceso destructivo, denominado cirrosis, tuberculosis o cáncer. Los tumores en los ovarios, útero u otra zona del cuerpo, también tienen un origen y desarrollo análogo. Las materias extrañas introducidas por la nutrición inadecuada y retenidas en el organismo por deficiencias eliminatorias, se depositan de preferencia entre los tejidos de los órganos del bajo vientre, cerca de las salidas naturales, por deficiencia funcional de los intestinos, piel, riñones.

Si para que el hombre viva sano es necesario mantener activas eliminaciones de su cuerpo, con mayor razón en el enfermo es preciso procurar una eliminación enérgica que les permita expulsar las materias morbosas, siempre presentes en toda dolencia. Al expulsar del cuerpo los venenos de origen orgánico o medicamentoso se levanta la energía vital del organismo para que la Naturaleza ponga en pié sus defensas para salvarlo del desarreglo funcional.

Para vivir sano es preciso desocupar completamente el vientre cada día al despertar, después del almuerzo o comida y antes de dormir. El proceso digestivo de alimentos cocinados termina en 4 ó 6 horas, de manera que los residuos deben ser expulsados cada 8 horas. Una evacuación cada 24 horas es causa de impurificación orgánica por retención de excrementos, de bilis y de otros desechos. La bilis que elabora el hígado es producto tan nocivo como la orina y en el adulto alcanza a la cantidad de un litro cada día, el cual debe ser expulsado por el intestino aún cuando se practique el ayuno.
Si en la piel aparecen erupciones, furúnculos, granos, alergias, úlceras o postemas, debemos respetar esta actividad de la naturaleza y, lejos de sofocarla con pomadas u otros medios, junto con un régimen alimenticio puro, es preciso activar diariamente las eliminaciones generales.
Bien podemos afirmar que: ¡ El hombre no muere sino que se envenena ¡

La muerte natural es desconocida en la actualidad y nada tiene que ver con el término de una vida rebelde en conflicto con la Naturaleza.

Vivimos al margen de la Ley Natural y con ello nos preparamos una muerte violenta, prematura, dolorosa y trágica que, como nube negra, se cierne sobre nuestras cabezas cada día y constantemente amenaza nuestra tranquilidad.

¡ Vivimos intoxicándonos, y morimos envenenados ¡

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